- Dolores de cabeza, entrecerrar los ojos o acercarse demasiado a la televisión y los libros pueden ser señales de alerta.
Cada vez más niños pasan menos tiempo al aire libre y dedican más horas a actividades que requieren mantener la vista de cerca, como estudiar, leer o utilizar celulares, tablets, videojuegos y computadoras. Estos hábitos, sumados a factores genéticos, pueden favorecer la aparición y progresión de la miopía, un defecto refractivo que hace que los objetos lejanos se vean borrosos.
La detección puede ser difícil porque los niños, especialmente los más pequeños, no siempre pueden expresar que tienen dificultades para ver. Además, cuando la miopía aparece de manera progresiva, pueden adaptarse a su nueva forma de ver sin percibirla como un problema.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 30% de los casos de bajo rendimiento o fracaso escolar estaría relacionado con problemas visuales no diagnosticados. “La miopía puede desarrollarse de manera progresiva y muchos niños no se dan cuenta de que están viendo mal. Por eso, los padres deben estar atentos a cualquier cambio en la forma en que el niño mira o realiza sus actividades cotidianas”, advierte el Dr. Raúl Swayne, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión.
Señales de alerta
Los padres pueden prestar atención a comportamientos como:
- Entrecerrar los ojos para ver mejor.
- Acercarse demasiado a la televisión, libros o juguetes.
- Presentar dolores de cabeza frecuentes.
- Tener dificultad para reconocer personas que están lejos.
- No distinguir con claridad lo escrito en la pizarra.
¿Cuándo debe revisarse la visión?
Los controles visuales deben comenzar desde los primeros años de vida. Se recomienda una evaluación por pediatra u oftalmólogo al nacer, a los 6 meses y al año; posteriormente, controles oftalmológicos a los 3, 5 y 6 años. Desde los 6 años, se aconseja realizar un examen visual al menos una vez al año.
Si se detecta un problema visual, los controles pueden requerirse cada seis meses, de acuerdo con la indicación del especialista.
Hábitos que ayudan a cuidar la visión
Durante la etapa escolar, algunas medidas sencillas pueden incorporarse a la rutina:
- Más tiempo al aire libre: procurar alrededor de dos horas diarias.
- Regular las pantallas: evitar su uso entre los 0 y 2 años; hasta una hora diaria entre los 3 y 5 años y hasta dos horas entre los 6 y 12 años.
- Hacer pausas durante la visión cercana: aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a una distancia aproximada de 6 metros.
- Realizar controles oftalmológicos periódicos, aunque el niño no manifieste dificultades.
- Utilizar los lentes indicados por el especialista cuando exista un error refractivo.
Detectarla a tiempo puede marcar la diferencia
Una visión deficiente sin corregir puede dificultar actividades escolares como leer, escribir o ver la pizarra y repercutir en la atención y el rendimiento del niño.
“Detectar una alteración visual de manera oportuna permite corregir el problema y, cuando se trata de miopía, evaluar alternativas que ayuden a controlar su progresión, de acuerdo con las características de cada niño”, explica el especialista.
Entre las alternativas disponibles se encuentran los lentes correctores, lentes especiales para el control de la miopía, determinados tratamientos con atropina en gotas y la ortoqueratología. La indicación debe ser realizada por un oftalmólogo luego de evaluar cada caso.
En el marco del Día del Niño, el especialista recuerda a los padres que cuidar la salud visual desde los primeros años también contribuye al aprendizaje, la seguridad y el desarrollo de los menores. “No debemos esperar a que un niño diga que ve mal para llevarlo al oftalmólogo. Los controles preventivos permiten detectar problemas que pueden pasar inadvertidos y actuar a tiempo para cuidar su visión”, concluye el Dr. Raúl Swayne.
