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EL PAÍS LE DEBE TODO A BENEDICTO JIMÉNEZ Y EL GOBIERNO NO DEBE DEJAN EN EL OLVIDO A UN POLICÍA QUIEN MERECE UNA CONDECORACIÓN

Fue creador del GEIN que capturo a Abimael Guzmán y su estado de salud es delicado

by delpais
2025-07-14 12:38:51
in Politica
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GOBIERNO CONVOCA A MESA DE TRABAJO PARA ABORDAR FORMALIZACIÓN MINERA: ESTOS SON LOS PUNTOS DE AGENDA
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El país le debe todo al Coronel en retiro al Coronel en retiro, Benedicto Jiménez. Fue el artífice de la creación del Grupo Especial de Inteligencia de la PNP y fue quien dedico su vida a imponer su pensamiento, sus ideales y formar un grupo de policías que con sapiencia, inteligencia y paciencia desarticularon y capturaron a los principales lideres de los grupos terroristas de las agrupaciones asesinas, Sendero Luminoso y el MRTA.

El gobierno debe de dar una condecoración extraordinaria a Jiménez. Su situación de salud es muy delicada. Esta entubado, su pronóstico es reservado.

El coronel Benedicto Jiménez Baca fue el artífice de la captura de Abimael Guzmán, como jefe del Grupo Especial de Inteligencia de la Dincote. Pisqueño, de madre griega, Placa de Oro -equivalente a Espada de Honor- de su promoción de la antigua Policía de Investigaciones del Perú, PIP, Jiménez fue el único policía admitido en la exigente Escuela de Comandos del Ejército, donde culminó exitosamente el curso.

Benedicto Nemesio Jiménez Bacca (Ica, 7 de mayo de 1953) es un detective y abogado peruano que perteneció a la antigua Policía de Investigaciones del Perú (actualmente parte de la Policía Nacional del Perú) y que pasó a retiro con el grado de coronel en 2003.

Realizó sus estudios secundarios en la Escuela Nacional de su tierra natal, para luego continuarlos los de secundaria en Lima en el colegio Ricardo Bentín del Rímac.

En 1977 egresó del Centro de Instrucción de la extinta Policía de Investigaciones de la Policía (PIP).

Tras estudiar Derecho en la Universidad Federico Villareal, Jiménez Baca participó en las elecciones generales al Congreso por el Apra, posteriormente a la Alcaldía de Lima en noviembre del mismo año. En febrero 2007 fue nombrado jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE)

Egresó del Centro de Instrucción de la Policía de Investigaciones del Perú (CINPIP) en 1977 con el primer puesto en su promoción. Fue el creador y jefe operativo del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Dirección Contra el Terrorismo encargados de lograr la captura del líder de Sendero Luminoso, terrorista Abimael Guzmán Reynoso, el 12 de septiembre de 1992.

En 1985 era mayor de la Policía de Investigaciones y laboraba en la Dirección Contra el Terrorismo (DIRCOTE). Tras seguir el curso de Estado Mayor en la Escuela Superior de Policía (ESUPOL), a inicios de la década de 1990, Jiménez regresó a su cargo en una de las jefaturas de la DIRCOTE. Para Benedicto, había que apuntar hacia la cúpula senderista y así logró convencer al entonces Director Superior de la Policía Técnica(ex Policía de Investigaciones), General Fernando Roca Reyes, quien le autorizó a formar el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) .

Texto escrito por Benedicto Jiménez

Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que el comienzo del fin de Sendero Luminoso empezó a partir de la operación de inteligencia llamada Isa, que el Gein ejecutó el 1 de junio de 1990, después de tres meses de Ovise.

El arresto del líder senderista obedeció a una rigurosa planificación de tres años de trabajo, desde el 5 de marzo de 1990, fecha en que se creó el Gein y se empezó a elaborar y aplicar la teoría de inteligencia policial operativa. Coronel Marco Miyashiro, “el Químico”, yunta de Benedicto y hombre clave del Gein.

Entre el 1 y 2 de setiembre se observó ingresar al Castillo (nombre clave que daban a la vivienda de Maritza Garrido Lecca) a varias mujeres que luego se determina estaban ligadas al jet-set limeño. Eran bailarinas de danza moderna y amigas de la “Lola” (Maritza). A las mujeres se les colocó apelativos: “Blanca Nieves”, “Tongolele”, “Petunia”, “La Gringa”, “La Niña”. En algunas oportunidades ingresaban y salían mujeres con sus hijos.

Me pregunté ¿podía estar viviendo “el Cachetón” (Abimael Guzmán) en un lugar donde ingresaban mujeres con niños? Este detalle rompía la lógica y me hizo dudar. Estas dudas las comenté con mis dos delfines, los tenientes Bonilla y Gil. Los dos se dedicaban a realizar el análisis operativo y dependían directamente de la jefatura. No lograron convencerme.

Al final ordené que se retirara la vigilancia del Castillo por algunos días, mientras se evaluaba la operación. Con el Zorro (Zenón Vargas, el coordinador de SL) se debería continuar. A mediados de julio de 1992 el teniente Gil trató de convencerme para que se prosiga la vigilancia. El azuzaba al teniente Bonilla para que lo ayude.

Gil es un joven oficial contradictorio, inteligente, astuto, brillante y con actitud de “generalito”. Tenía una habilidad especial para el interrogatorio de inteligencia, pero en ciertas ocasiones era indolente y despreocupado. Para motivarlo lo llamaba cariñosamente “hijo”. El teniente Bonilla era serio, culto, estudioso, responsable y callado. Gil hablaba por los dos. Gil y Bonilla insistían todos los días para retomar la vigilancia del Castillo.

Después me enteré que habían coordinado con un equipo de vigilancia a cargo del teniente Tiburcio “Calcio” para que permanezca en el servicio de observación fija en el Castillo, sin interrupción, evitando realizar seguimientos. Al César lo que es del César. Un gran mérito para mis dos delfines que siempre se mostraron perseverantes y obstinados.

El 5 de setiembre, Fósforo, uno de los agentes del puesto de observación fija, se había dado cuenta de un detalle, cuando miraba con binoculares el Castillo: Maritza Garrido, cada tres días, entre 8.10 y 8.30 a.m. se asomaba a una de las ventanas del segundo piso (lado izquierdo), miraba a ambos lados de la calle y luego procedía a sacudir las sábanas y las colchas de la habitación.

Esto evidenciaba que en esa habitación dormía con su marido. Pero lo que llamaba la atención era que nunca se vio asomarse a Carlos Incháustegui por esa ventana. Se suponía que eran esposos y verlo acercarse a la ventana sería lo más normal.

Estaba en plenas cavilaciones cuando me fijé en la hora: 2.30 de la tarde del 12 de setiembre. Fuera del Museo del Gein se había armado un alboroto. El Zorro había sido intervenido cuando estaba caminando a cinco cuadras de su casa. Sin perder un minuto, lo habían traído a la Fortaleza (el Gein). El jefe del equipo de la detención subió a la oficina a avisarme que ya tenía al Zorro.

A las 3.15 de la tarde se hizo presente el fiscal de turno. Con el detenido se constituyeron a la casa e ingresaron. Encontraron en la sala a dos sujetos que miraban por TV el clásico U-Alianza. Una mujer limpiaba la cocina. En el dormitorio se incautó una caja de cartón que iba a enviarse al día siguiente a Trujillo. Contenía una pistola ametralladora Star y dos revólveres. Pero lo que más llamó la atención fue el hallazgo de dos botellas de whisky Chivas que le regalaba el Comité Zonal de Trujillo al Presidente Gonzalo. Esto nos demostró que íbamos en el camino correcto. Botellas de vino de Guzmán que fueron descorchadas por el Gein luego de la captura.

Miyashiro y Valencia se constituyeron al lugar para manejar la situación. La orden que se les había dado era que “apenas salga la pareja o alguien abra la puerta, ingresen a la casa”. El Ingeniero dispuso que Ardilla y Gaviota se acercaran a la tienda que está al costado de la casa, para realizar la cubierta de enamorados. En realidad, no necesitaban disimular porque eran novios. “¿Cómo vamos a tomar gaseosas si no tenemos dinero?”, preguntó Gaviota por la radio al Ingeniero.

A las 8.45 de la noche, Ardilla y Gaviota escucharon el golpe metálico de la puerta que se abría. Sintieron que una corriente eléctrica les sacudía de la cabeza a los pies. Ardilla, un joven alférez con un año de egresado de la Escuela de Oficiales, intercambió miradas con Gaviota y le dijo “Ahora es, prepárate”. Momentos decisivos. Los demás esperaban a cuadra y media del lugar. Cuando se abrió la puerta del Castillo, los primeros en atravesar el umbral fueron Celso Garrido Lecca -tío de Maritza-, con su novia, la bailarina Patricia Awapara.

Detrás de ellos salieron Maritza y Carlos. Se estaban despidiendo cuando vieron que desde la tienda se acercaba una pareja que los apunta con sus revólveres y les dicen que son policías, que no hagan ningún movimiento. Los primeros segundos fueron de una sorpresa brutal. El primero en reaccionar fue Carlos Incháustegui. Se abalanzó a Ardilla que lo apuntaba con un arma, con la intención de quitársela.

Gaviota hizo un disparo hacia arriba. El sonido del disparo paralizó a “Lolo”. Maritza empezó a gritar para llamar la atención: ¡Qué pasa! ¡Qué buscan ustedes! La actitud decidida de Gaviota hizo que ingresaran a la casa. Los colocaron con las manos en el techo del auto. Ardilla, al ver que los agentes que estaban alrededor de la casa demoraban en acercarse, optó por dirigirse al segundo piso.

Tenía la orden de ganar el segundo piso, que era donde podía estar el líder. Cuando subía a trancos la escalera, observó que había una puerta corrediza, de triplay, que impedía el acceso. Una mujer vestida de negro miraba asustada a través de la puerta semiabierta. Al verlo, la cerró con fuerza. Ardilla se abalanzó sobre la puerta y sintió que cedía ante su peso, cayendo hacia atrás con el armazón de madera.

Al levantarse, siguió a la desconocida que ingresaba a un ambiente a la derecha. Al entrar con el arma en la mano, un sujeto que estaba sentado en un sillón se paró rápidamente y lo quedó mirando. En su rostro se reflejaba la sorpresa y el temor. Era Abimael Guzmán. A su costado, tres mujeres que lo protegían con sus cuerpos. El miedo asomaba en sus rostros. En esos momentos, sintió que los otros agentes ingresaban a la casa. “AQUI ESTA EL CACHETON” Por la radio, Ingeniero gritaba desesperado: “¡Físico, Positivo, Físico, Positivo, Positivo, aquí está el Cachetón!”. (Físico era Benedicto).

Nos confundimos en abrazos. El ambiente era festivo. Exclamaciones y hurras de alegría. Nos olvidamos de todo, temores, rencillas, sinsabores, amenazas. El triunfo era nuestro y del pueblo peruano.

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