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No hay golpe de Estado bueno

by delpais
2023-04-12 07:30:50
in Columnistas, Luis Hernández Patiño
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Nefastos proyectos absolutistas que nuestra sociedad no debe apoyar

Hace unos días inevitablemente recordábamos lo que sucedió el 5 de abril de 1992. El entonces presidente Fujimori decidió disolver el Congreso de la República mediante un anuncio que, como en el caso del intento de golpe de Pedro Castillo, fue dado mediante un mensaje televisado a la nación. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde entonces! ¡Y cuánta agua ha corrido debajo del puente!

Vivos permanecen hasta hoy los recuerdos y los sentimientos, sanos e insanos, producidos por lo que entonces ocurrió. Pero también quedan entre nosotros lecciones que la misma realidad nos da y que no podemos dejar de recoger a modo de experiencia. Una de esas lecciones, que hoy debiéramos aquilatar en toda su magnitud, es que no hay golpe de estado bueno. Por eso, conviene incidir en que los sectores de nuestra sociedad no pueden ni deben ser selectivos y menos condescendientes frente a los aventureros que se meten a la política para su propio provecho o trabajando para nefastos poderes.

En efecto, en 1992 hubo un considerable sector de nuestra sociedad que aplaudió las medidas de Fujimori. Los que aprobaron dicho golpe lo hicieron con la misma fuerza con la que habían criticado el golpe de Estado que Velasco dio en 1968. En el caso de Fujimori, no se preguntaron si su golpe era algo inevitable; es decir, si era lo único que quedaba frente a la situación de pobreza y violencia del Perú de entonces. Sencillamente lo vieron como la panacea.

¿No había acaso una salida institucionalmente prevista en la Constitución? Si lo que se quería era reformar la Constitución de 1979, por las consideraciones que se pudiesen plantear, existían los mecanismos correspondientes para hacerlo. Frente a la obstrucción parlamentaria, el Poder Ejecutivo tenía a su mano diversas herramientas políticas. Entre estas se contemplaba inclusive el cierre de la cámara de diputados, por la vía jurídica, en el caso de provocarse la censura sucesiva de los consejos de ministros.

En lo referente a la actualidad, el Perú tampoco necesita golpe de Estado alguno. En este punto, a modo de precisión, cabe señalar que no hay cuestión de raza, ni de clase, ni movimiento separatista alguno que justifique ni un solo tipo de sedición golpista. No permitamos que algunos se salgan con su gusto de convertir al Perú en un charco, con el fin de satisfacer sus insaciables apetitos políticos y financieros.

A lo largo de la historia quienes han buscado y buscan dar un golpe de Estado han escondido intereses oscuros e inconfesables. Tal es el caso actual de los comunistas (trabajadores intelectuales del imperialismo globalista) que acusan de golpistas a sus enemigos, los demócratas. Los comunistas, putchistas por antonomasia, se curan en salud electorera; pero al mismo tiempo defienden con su narrativa roja lo que, por ejemplo, sucedió con el golpe de Estado que se produjo, felizmente sin éxito, el pasado siete de diciembre.

Los golpes de Estado pueden variar en su forma y estilo, pero siempre son eso: golpes de Estado. Y de acuerdo con la experiencia, por lo que nos ha tocado vivir, debemos tener en claro que no por gusto en la llamada izquierda y en la derecha hay totalitarios que le sonríen al golpismo. ¿Por qué? Porque los golpes de Estado resultan convenientes, pero únicamente para los intereses políticos y financieros de ciertas minorías. Los golpes de Estado jamás han propiciado cambios a favor del pueblo, cuyo nombre los golpistas tanto evocan, hasta que ese pueblo les resulta un estorbo.

En definitiva, no hay golpe de Estado bueno. Los golpistas más radicales se visten de demócratas para llegar al poder; pero una vez que llegan, implementan sus nefastos proyectos absolutistas, que nuestra sociedad no tiene ninguna obligación de apoyar.

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